1.01

Las Navidades de 1994 fueron el detonante de dos años de desavenencias. Doce años de matrimonio y siete de noviazgo ya habían transcurrido con no poco esfuerzo. Siempre parecía haber un motivo para no tenerla completamente satisfecha. Los dos hijos que tenemos resultaban ser la principal razón para seguir juntos.

“"Acabaremos separados cuando nuestros hijos sean mayores"” era una frase numerosas veces pronunciada.

Los dos somos hijos de padres separados y sabíamos como acaban las parejas que no se sienten a gusto, y no diré felices. Hace tiempo que los matrimonios no son para sufrir, el “hay que aguantar” no se lleva, pensamos que tenemos derecho a tener una vida agradable.

Tras unas celebraciones navideñas muy tensas, ella decidió separarse, ahora sospecho que llevaba tiempo preparando la separación y cuanto más pequeños son los hijos más fácil es retener la custodia. Aunque lo verdaderamente difícil es perderla siendo la madre.

Una tarde al volver del trabajo, a finales de Enero de 1995, mi entonces esposa y su madre me comunicaron la decisión. Querían que acudiera al despacho de su abogado para acordar la separación.

Casi me casé con las dos. Es hija única y su madre dispone de una considerable fortuna. Entre otros muchos inmuebles, es propietaria de dos viviendas en el mismo edificio en una céntrica calle de Bilbao. Nos ofreció cedernos el uso de una vivienda tres pisos debajo de la suya. Mala idea aceptar, la teníamos todo el día en casa, para ayudar,  por supuesto.

Lo que no me contaron es que habían vaciado la cuenta bancaria que utilizábamos para ahorrar  y depositado casi 700.000 pesetas del año 1995 como provisión de fondos en un famoso despacho de abogados.

Tuve conocimiento  cuando con la mosca detrás de la oreja, acudí al banco para ver la situación de las cuentas.

Su madre trabajaba en la Caja de Ahorros BBK  y por confianza o estupidez, todas nuestras cuentas bancarias estaban en esa entidad, incluso las de la empresa que fundé en 1981 y  que en sus inicios todavía no era una sociedad mercantil.

Decidí ir a la central de la Caja en Bilbao únicamente con mi DNI. Las libretas, las guardaba la madre de mi entonces esposa "para facilitar nuestros trámites bancarios".

Solicité un extracto de todas las cuentas a mi nombre o en las que figurara como autorizado, incluidas las de las mis hijos.

Allí estaba, una cuenta a cero bajo el concepto "Abogado".

Se siente pánico, el asunto está en marcha y no sabes que es lo correcto para evitar que todo termine de mala manera.

Reuní el resto de saldos en una nueva libreta, solo a mi nombre. Cancelé los créditos pendientes por tarjetas de crédito y anulé la autorización de las mismas, domicilié en la nueva libreta los cargos que me parecieron imprescindibles. Di orden a la Caja para que las acciones y ahorros que mis hijos tenían a su nombre no fueran vendidas por ella o su madre, empleada de la entidad.

De retorno a casa, comuniqué  que las tarjetas dejarían de funcionar y que ya conocía que se había llevado nuestros ahorros a un abogado. Sin inmutarse, me indicó el nombre y dirección del despacho para que llegara a un acuerdo.

Poco después, acudí al despacho del Abogado. Escuchar las propuestas parecía la solución más razonable. No tardaría mucho en saber que es uno de los más caros y prestigiosos de nuestro entorno. No se pagan elevadas minutas para obtener unos resultados razonables, se pagan para conseguir una victoria rotunda, económica, que es lo único que al final puede conseguirse.

Es un despacho grande, ocupa un piso en un edificio clásico frente al Palacio de Justicia de Bilbao del que le separa un parque. Al entrar había un mostrador en el que te recibía la recepcionista. Te llevan a una sala de espera espaciosa, los abogados importantes siempre están muy ocupados y se hacen un poco de rogar.

Después de una breve espera en la que no supe cómo ordenar mis ideas fui conducido al despacho propiamente dicho. Una gran mesa de madera al fondo y dos ventanales a la izquierda con vistas al parque. Librerías repletas de tomos sobre temas jurídicos, la editorial Aranzadi y todo el decorado que da un marchamo de solvencia profesional.

Durante aproximadamente quince días me presenté en varias ocasiones a llevar la documentación que sobre nuestras propiedades me pidió. Desde un principio me explicó que los Jueces dan la custodia a las mujeres y que mi pretensión de tener una custodia compartida era innegociable. Se consentiría en un contacto extenso con mis hijos, lo que se llama el régimen de visitas.

Las propuestas económicas tampoco me parecieron razonables, pretendía el abogado que la empresa que creé en 1981, antes de casarme en  Agosto de 1982 y el local en el que empecé a funcionar, también comprado en 1981, resultaban gananciales según el letrado. La justificación era que la empresa se transformó en sociedad limitada después del matrimonio y el local se escrituró también después del matrimonio.

Tengo que reconocer que mi padre me advirtió para que lo escriturara a mi nombre antes del matrimonio. Pensaba yo  entonces que si no te fías, mejor no te cases, confundiendo amor y dinero.

El local se compró mediante un contrato privado y hasta abonar unos pagos aplazados y subrogar el crédito hipotecario que tenía el anterior propietario, no se realizarían las nuevas escrituras.

En ese contexto de confidencialidad con un supuesto abogado mediador, me solicitó una propuesta de reparto de bienes y me pidió que para evitar "males mayores" abandonara el domicilio familiar.

Para eludir la figura legal de “abandono de familia” me entregó un documento firmado por mi entonces esposa en el que se comunicaba la separación de un modo consensuado.

Entregué un inventario de los bienes en disputa y una propuesta de reparto que resultó rechazada. Mala idea y exceso de buena voluntad.

La propuesta y la documentación que le entregué fue utilizada en mi contra en los sucesivos pleitos trascurridos. Puesto que los bienes que consideraba privativos figuraban en la propuesta, el letrado pretendió utilizarlo como un reconocimiento expreso de ganancialidad.

Con el tiempo aprendí, que quien es tu abogado no puede utilizar la información y documentación que le entregaste para demandarte en el futuro. Sin embargo, los letrados y tribunales que han tenido conocimiento del asunto lo entienden como una “picardía” del colega.

¿Puede un mediador que supuestamente trabaja para minimizar los daños de una separación demandar a una de las partes posteriormente?

La respuesta en mi caso  es que si, y además con ferocidad, si como expongo, se ponen en evidencia sus triquiñuelas profesionales.

Me resistía a salir de la vivienda y a dejar a mis hijos. En esas circunstancias, quien se queda en la casa con su entorno intacto, lo tiene mucho más fácil.

En la que sería la última cita con el “mediador” ya se me exigió dejar la casa bajo la advertencia de que en caso contrario y mediante una solicitud de medidas provisionales urgentes al juzgado, "con cualquier pretexto", se me expulsaría forzosamente en un plazo  de 20 días. La “mediación” se rompió y ofendido me marché con la intención de buscar mi propio abogado.

Esa misma noche, al llegar a la vivienda, tuve un conocimiento más concreto del significado de pedir medidas urgentes al juzgado "con cualquier pretexto". Mi entonces esposa y su madre me esperaban y comenzaron a insultarme y a pedir a gritos que me marchara de una " …puta  vez".

La situación con los hijos presentes era insostenible, el objetivo y los medios a emplear evidentes. Pedí unos días para buscar un alojamiento y  mi entonces esposa  fue a dormir al cuarto de nuestros hijos y su madre volvió a su vivienda, tres pisos más arriba.

(Si ella quiere separarse y tienes indicios de que está dispuesta a preparar un montaje judicial para obtener ventajas, evita quedarte a solas con ella y sus amigos y familiares.)

1.02

Llegó el momento de hacer inventario y ver cómo romper el mínimo posible de platos. Con el tiempo se aprende que cuando una de las partes tiene el futuro asegurado y la sartén por el mango, puede no importarle romper parte de sus platos siempre que eso origine que se rompan los tuyos.

La situación económica no era fácil. En el año 1995 se salía poco a poco de una crisis económica. Una crisis particularmente dura en nuestro entorno con el cierre de Astilleros Euskalduna, de Altos Hornos de Vizcaya y de muchas otras.

Mi empresa tenía gran dependencia del servicio de mantenimiento de los equipos de intercomunicación industrial de Altos Hornos. Durante años habíamos diseñado, fabricado y puesto en marcha  docenas de equipos. El mantenimiento de los mismos con personal permanente en las instalaciones era  nuestra principal fuente de ingresos.

Conscientes de nuestra dependencia,  habíamos intentado diversificar nuestras actividades. Acudimos a Ferias de Muestras, diseñamos equipos para adaptar los teléfonos a personas con problemas de audición, transmisión de imágenes de vídeo a larga distancia por cables telefónicos….

No funcionó, la falta de una política adecuada de marketing o las circunstancias de la  crisis impidieron siquiera mantener el empleo que entonces teníamos. De siete personas que llegamos a ser en 1992, quedábamos cuatro con los sueldos congelados y en mi caso muy reducido en comparación con lo normal.

En casa se habían cansado de que jugara a “las empresas” con dinero de verdad, para jugar está el Monopoli. Aquellas mujeres tienen  otro concepto de a qué dedicar los ahorros y el tiempo.

Ellas prefieren el ladrillo a las personas, son asalariadas beligerantes con sus derechos y la más despiadada patronal que no quiere contratar a personas como ellas mismas. Indemnizaciones, seguridad social, bajas laborales, vagos en cuanto te descuidas.

Con el ladrillo todo es seguridad. Compras el inmueble, lo alquilas un poco más bajo de lo habitual en el mercado y no declaras los ingresos a Hacienda. Entre tanto el precio de las viviendas sube. Un chollo con la única complicación de que alguien no quiera abandonar el piso o te lo deje en mal estado.

Si además te opones a que la empresa sea un montaje en el que cargar sin límite gastos familiares, no contratas con toda la eventualidad que la ley permita y no la exprimes al límite, tienes un problema familiar.

La propuesta que ya habían planteado dos años atrás era clara y concisa, mi entonces mujer y su madre, titulada mercantil, se ocuparían de la administración de la empresa. Las dos tenían jornada laboral de mañana y las tardes libres. Mi ex suegra pensaba que la administración sería poco más que llevar las cuentas bancarias, cosa que ya hacía.

Parece la crítica de un resentido, pero a medida que la historia se narre se irá documentando cómo todo lo mencionado, no solo es cierto sino que además resultó legalizado.

Sobraba un empleo más, el de la persona que se ocupaba de la administración y contabilidad de la empresa.

Demasiada claudicación para mí, con ese tipo de sumisión, no salvas una familia, te vendes a ti mismo y todos tus principios.

Durante  años las relaciones personales se habían enfríado y se soportan en las rutinas. Mi horario era flexible, “ventajas” de ser el jefe, tampoco había mucho trabajo.

Me levantaba temprano, preparaba el desayuno y  llevaba a mi entonces mujer a su trabajo en una mutua de accidentes laborales, entraba a las 8 de la mañana. Naturalmente, los trabajadores de mi empresa estaban en esa mutua y los seguros eran gestionados  por su jefe que ejercía de agente de seguros generales. Cuando salíamos de la vivienda, la empleada de hogar ya había llegado.

De vuelta a casa, aparcaba el coche en el garaje y llevaba a mis hijos al colegio, la parada del autobús escolar estaba próxima a la vivienda y a eso de las 9 de la mañana se encaminaban al Colegio Inglés.

El local en el que estaba localizada mi empresa está a menos de 10 minutos de la vivienda y de la  parada del autobús. Poco después de las 9 de la mañana estaba en mi mesa de trabajo. A las 14 horas realizaba los recados diarios, el pan, la carnicería o la pescadería …. Los dejaba en la vivienda y con el coche iba a recoger a mi ex al trabajo, salía a las 15 horas.

Preparaba una comida sencilla, lo que se suele llamar el segundo plato, el primero nos lo cocinó durante años la abuela de mi ex, un encanto de persona.

A las 16 horas estaba de vuelta en el trabajo,  hacia las 20 horas salía. Algunos días acudía a un gimnasio cercano, otra fuente de problemas. Hace más de 15 años no había tanta cultura de deporte asociado a salud y para mi ex suegra era desatender a la familia y una obsesión por el físico. Llegó a darme de baja del gimnasio devolviendo los recibos bancarios.

Muchos fines de semana, cuando no acudíamos a la vivienda que tiene mi ex en Sopelana, cerca de la playa, me levantaba temprano y me acercaba al taller a adelantar alguna tarea, leer revistas técnicas o las ocupaciones más tranquilas que no se atienden en el día a día. La opción era quedarse en casa sin hacer ruido, era una familia de poco madrugar y largas siestas.

Tras siete años de noviazgo en los que por imposición de mi ex suegra y sumisión de su hija, nunca pudimos ir solos a ninguna parte, estaba un poco harto de ir a la vivienda de Sopelana. Lugar en el que en compañía de mi ex suegra y en habitaciones debidamente separadas, había pasado innumerables vacaciones y fines de semana.

Es una vivienda fantasma, no porque los tenga sino porque no aparece. Acreditada numerosas veces en distintos pleitos como regalo de una madre acaudalada a su única hija, de soltera eso sí, …… pero no aparece. Figura a su nombre en el Registro, origina ingresos por alquiler y posiblemente esté alquilada en estos momentos, pero es invisible para los Magistrados.

(Nada tiene mayor valor probatorio que los prejuicios de un Magistrado)

1.03

Poco a poco, cada vez pasas más tiempo en el trabajo y las relaciones personales se distancian y se apoyan en unos hijos que parecen justificar que hay que seguir. Hasta el momento de la separación, nunca hubo gritos ni fuertes discusiones, solo una frialdad creciente. Solo rutina.

Intentamos hacer algún viaje sin hijos para animar la relación, pero las circunstancias persistían. Voluntad de dirigir la empresa o liquidarla de un lado y voluntad de vivir más lejos de su madre en el otro.

Un soplo de aire fresco había entrado coincidiendo con el nacimiento de nuestro segundo hijo, casi por casualidad. Nuestra hija que lleva seis años al menor, tenía algunos problemas de alergias que en ocasiones le dificultaban la respiración.

El clima de Aragón y el de la Rioja favorecían que respirara y durmiera mejor. Durante el trascurso de unos días de vacaciones que pasamos en Ezcaray y sin tenerlo previsto, decidimos comprar un pequeño chalet adosado de un grupo de diez  que se estaban construyendo en la entrada de un pueblo cercano, Valgañón. Por el precio de un piso un poco espacioso en Ezcaray, se podía adquirir un pequeño adosado en Valgañón, a cuatro kilómetros. Novecientos metros de altitud y muy lejos de cualquier contaminación.

Acudíamos los fines de semana y las vacaciones. Aunque había teléfono y la comunicación era de varias veces diarias, se originaba un cierto distanciamiento con mi ex suegra que sólo nos acompañaba en contadas ocasiones. No era como tenerla en casa a diario y además disfrutar del intercomunicador instalado entre las dos viviendas.

Cuidar el pequeño jardín e ir a correr temprano por las mañanas  hasta el alto que separa La Rioja de Burgos, sustituyeron a las mañanas de los fines de semana en el taller.

Creo recordar que la vivienda costó unos doce millones de pesetas, que empezamos a pagar mediante plazos durante la finalización de la obra y posteriormente con la correspondiente hipoteca. También esto originó sus problemas. Con el pretexto de que obtendría unas condiciones más ventajosas en la concesión de la hipoteca como empleada de la caja de ahorros, la vivienda inicialmente se escrituró a nombre de mi ex suegra. Resulté ser el borde que no se fió y se empeñó en poner la vivienda a nombre de sus propietarios reales aún y cuando la hipoteca resultara menos ventajosa. Hoy en día todo resulta sospechosamente planificado.

Ver documento.

La situación de hija y heredera única de un importante patrimonio de mi entonces esposa,  aportaba a la familia el usufructo de una vivienda y un garaje en Bilbao. No teníamos que pagar, con dinero, una vivienda habitual, aunque el usufructo lo pagamos en especie, intimidad e independencia.

Trabajando los dos y con la aportación añadida del usufructo de vivienda y garaje habituales. Con los alquileres eventuales de la vivienda de Sopelana propiedad de ella y del local comercial de mi propiedad, en el que fundé mi empresa que ya se había trasladado a un local más grande, teníamos una importante capacidad de ahorro aún cuando la situación económica no era buena al comprar la vivienda de Valgañón.

Las aportaciones por usufructos que realizó mi entonces esposa a la economía familiar, cuantificadas económicamente por su Abogado en la Demanda de Separación, también resultan invisibles para los Tribunales, nunca se le han considerado como ingresos propios y ello a pesar que en rigor, deberían tener incluso una carga fiscal. Es más, cuando el Letrado valoró lo que supondría pagar un alquiler, lo hizo para intentar obligarme a pagar un alquiler a mi ex suegra para que mis hijos siguieran ocupando la vivienda una vez iniciada la separación del matrimonio.

En la Sentencia de Separación, el Juez estimó que nuestra capacidad de ahorro debería proceder del “dinero negro” de mi empresa y de la repercusión de gastos familiares en la misma, ignorando usufructos y alquileres que mi entonces esposa aportaba además de su nómina y de los que sigue disfrutando sin que se le consideren ingresos sujetos a cargas familiares.

Poco a poco, esta narración irá dando respuesta a unas interrogantes que plantearon los Tribunales y a las que dieron respuesta equivocada.

1.04

Como  he mencionado, mi entonces esposa había depositado nuestros ahorros en su famoso Letrado y yo con los restos de otras cuentas cancelé los saldos de las tarjetas de crédito y abrí una nueva libreta para domiciliar los gastos imprescindibles. La hipoteca de la casa de Valgañón, el Colegio Inglés de nuestros hijos …..

Ver Documento:

Mi ex además de fundir nuestros ahorros en su Letrado, se negó a pagar hipoteca y colegio. No había dinero para poder realizar un contrato de alquiler y empezar a pagar unas mensualidades para tener un sitio en el que vivir y poder llevar a mis hijos en los períodos que legalmente se concedieran.

La escasa remuneración de 1995, no podía soportar ni por un mes la nueva situación.

Mi empresa tenía un saldo pendiente con los socios, nosotros. Hacía unos años, cuando las cosas iban bien y Altos Hornos de Vizcaya existía, se había trasladado del pequeño local de 60m donde la fundé en 1981 a un local cercano de 170 m.

Decidimos que la propiedad del nuevo local sería nuestra. Ni mi entonces esposa ni su madre consintieron en “empantanar” patrimonio inmobiliario en la empresa…. Para que se lo queden los trabajadores si las cosas van mal.

Eso limita las posibilidades de obtención de crédito para la empresa, porque no tiene nada tangible.

El local estaba “de obra” y resultó necesario realizar un acondicionamiento que costó aproximadamente 5 millones de pesetas. La socia y su madre, habilidosas con la economía del ladrillo, querían que la obra la pagara la empresa. La mejora del local quedaría en beneficio de los propietarios.

Como los bancos no concedían el crédito necesario para realizar la obra, decidimos, tampoco había opción, prestar a la mercantil el dinero necesario para realizar las obras. Nuevamente la socia y su madre se opusieron a una ampliación de capital, nada de meter en la empresa nada que no sea imprescindible.

Conseguí hacer ver a “las socias” que el alquiler que nos pagaría la empresa tendría que ser moderado porque en definitiva era el alquiler por  un local sin acondicionar y el crédito para la obra de acondicionamiento, también había que devolverlo a los socios…. La cuenta no cuadraría, demasiado peso para la empresa y demasiado beneficio para los socios.

Como problema “familiar” añadido, desde que se realizó la compra del local hasta que se acopiaron los recursos necesarios para acometer el acondicionamiento,  dos años aproximados, el local estuvo alquilado como almacén y era necesario no renovar el contrato a unos inquilinos que pagaban más por el alquiler de lo que mi empresa podía soportar si además debía devolver el crédito del acondicionamiento.

Por papeleos fiscales que manejaba su madre, era mi entonces esposa la que figuraba como titular de los alquileres, tanto de mi pequeño local como del adquirido por el matrimonio. De su vivienda privativa en Sopelana, ni hablamos, no siendo mía ni en parte, no tenía ninguna capacidad para intentar que sus alquileres figuraran fiscalmente.

Ver Documento:

Ya…. Más que tonto es ganas de no tener problemas innecesarios. Puedes preguntar en mi empresa como se lleva lo del cumplimiento de las normas legales. Aunque no siempre la legalidad te corresponde defendiendo  tus derechos básicos y ahora escribo estas líneas para dejar constancia de ello.

Mi entonces esposa tenía que cancelar el contrato que había firmado con los inquilinos….. para “perder dinero” a cuenta de la empresa y encima tener que prestar dinero para hacer la obra. ¿No cabíamos donde estábamos?.

Si queríamos tener futuro y no depender absolutamente de Altos Hornos de Vizcaya, la respuesta era que no.

Es curioso como ahora más de 15 años después, las circunstancias se repiten en todos sus detalles. Necesitamos trasladarnos e iniciar nuevas actividades para tener fututo.

La empresa tenía otra deuda conmigo, unas remuneraciones atrasadas como consecuencia de la pérdida de los contratos de mantenimiento en Altos Hornos y de la falta de viabilidad de las nuevas actividades emprendidas. No daba más de sí, pagar el alquiler, la deuda a los socios por la obra, las remuneraciones de los tres trabajadores que quedaban en la empresa …..

Con todo, la empresa disponía en aquellos momentos de más liquidez que yo. Alquiló un pequeño apartamento para mí y los pagos realizados se compensaban con las remuneraciones pendientes. Fiscalmente resultaba menos costoso que cobrar las remuneraciones atrasadas y contratar el alquiler a mi nombre.

Había que encontrar un abogado. Más gastos y ninguna experiencia. ¿Cómo se elige abogado?.

Busqué en las Páginas Amarillas y a ojo seleccioné tres que se definían como matrimonialistas. Concerté una consulta con ellos y me quedé con el que parecía más veterano. El Sr. De la Fuente, resultaba amable y comprensivo.

Los letrados contactaron para intentar llegar a un acuerdo y aunque aconsejado por el mío estuve dispuesto a ceder la custodia de mis hijos, dado que tampoco me la  adjudicarían en el Juzgado, ni siquiera compartida, nada resultaba suficiente. Las ambiciones económicas soportadas en “necesidades de los hijos” y en considerar gananciales bienes adquiridos antes del matrimonio tenían prioridad sobre una separación consensuada y menos traumática para nuestros hijos.

(En la actualidad y en la práctica, una separación consiste en echar al padre de casa y ver cuánto dinero se le puede sacar sin que cometa una barbaridad. Salvo excepciones.)

La legislación actual no establece que las custodias se otorguen a las madres, pero en la práctica se hace. Ninguno de los medios que habitualmente promocionan la igualdad proponen cuotas mínimas de custodias para los padres, ni expresan rechazo a la situación vigente.

Lo importante para mi ex era mantener el nivel de vida de los que quedaban en casa repercutiendo las cargas familiares  en el expulsado. Me ofrecían  como mi parte del patrimonio ganancial lo que ya tenía antes de casarse,  una empresa y el local que ocupaba.

El Letrado De la Fuente decidió que esperaríamos la demanda de separación.

La ruptura de las negociaciones supuso una tensión importante en las relaciones personales. Acudía por las mañanas al portal del domicilio familiar para seguir llevando a mis hijos al colegio y así mantener un contacto cercano. Mi entonces suegra empezó a “acompañarnos” el tramo coincidente desde el portal hasta su trabajo en la BBK, muy próximo a la parada del autobús escolar, además obligaban a la empleada de hogar a acompañarme el resto.

(No admitir las condiciones de tu ex lo pagarás con tus hijos)

Durante semanas, acudía al domicilio los viernes al salir del trabajo para ir a recoger a mis hijos y poder pasar con ellos un fin de semana. Nadie contestaba al portero automático.

Los días pasaban y la Demanda de Separación no llegaba. Entre tanto, el Letrado De la Fuente me recomendó acudir a una especialista en Legislación Mercantil, la Letrado Lola Ansola. Como Administrador de la empresa yo tenía que cumplir los trámites legales de aprobación de cuentas, depósito en el Registro Mercantil…..

Empecé a lamentar no haber ¿obligado? a mi entonces esposa a firmar las cuentas de la mercantil en años anteriores. Con todo, se convocó una Junta de Socios con el fin de llegar a algún acuerdo de continuidad en tanto se resolviera la separación. Resultaba necesario tambien adaptar los Estatutos de la empresa a la nueva Ley de Sociedades Limitadas.

La Junta tuvo lugar el 7 de Marzo y a la misma acudió mi entonces suegra en representación de su hija. Para oponerse a todo, y además intentar obtener de la empresa la documentación bancaria que ya estaba sacando de la sucursal de la BBK en la que trabajaba.

Ver Acta de la Junta.

Mis relaciones con la entidad bancaria se habían vuelto tensas porque estaba, en mi opinión, dando cobertura a algunas de las irregularidades de su empleada.

Solicité los justificantes de algunas de las operaciones realizadas en los días previos a la separación, incluido el vaciado de casi 700.000 pesetas del año 95, con destino al Letrado de mi entonces esposa.

Los justificantes recibidos resultaban ser copia de unos “papelitos” que parecen sospechosamente realizados después de mi solicitud. Indican una fecha de emisión del documento que pudiera no corresponderse con la realidad en que fue depositado en la entidad bancaria.

Para evitar estas posibles falsedades documentales, la propia entidad bancaria tiene habilitado un sistema que certifica mediante la impresión mecánica del terminal la fecha real de la operación y de la autorización correspondiente por parte del titular en un documento normalizado.

Ver “Papelito” y Documento oficial BBK.

El lector (o lectora), puede probar ir con un “papelito” de autorización como el incorporado a Documentación, para ver si le dan dinero .…

Continúa en La Historia.2

 

 
 
 
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